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La
Arquitectura Religiosa
Por: Arq. Leonor
Loyola
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Conversando
un día con un arquitecto amigo que había visitado
las catacumbas en Roma, me expresó: "Al entrar
en ellas el impacto que surgió en mi, fue muy grande.
Me sobrecogí tanto .... en ellas se sentía un espíritu
religioso que contagiaba aún a aquel que no lo era".
Estas palabras me hicieron reflexionar sobre la relación
tan estrecha que las catacumbas tienen con los templos
católicos actuales, al ser éstos su continuación.
Y con pena pude observar qué lejos están muchos
templos actualmente de sobrecoger a las personas,
hasta hacerlas sentir la presencia de lo trascendente.
Y además, qué reto para aquel que quiera lograrlo!.
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La presencia de lo trascendente,
cautiva el corazón del hombre, que al ser imagen de Dios,
busca encontrarse con Aquel de quien procede. El hombre
lleva lo sagrado en el interior de su persona. Y es por
esto que busca, reconoce y encuentra plenitud cuando se
encuentra con el misterio y así con la representación simbólica
de lo sacro.
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La nostalgia de Dios
que lleva el hombre en su corazón lo lleva a vivir
en una permanente tensión de búsqueda que se plasma
en las diversas manifestaciones humanas. Sin embargo
todos podemos ser testigos en primera persona que
el ruido del mundo, la rutina, el activismo y otros
no lo ayudan a “entrar en sí mismo” para lograr aquel
encuentro que añora desde lo profundo de su ser.
El arte desde siempre
y a través de sus diversas expresiones: pintura, escultura,
música, arquitectura ha sido un excelente vehículo
para ayudar y expresar la historia de la búsqueda
y el encuentro entre Dios y el hombre.
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Esta historia de Reconciliación
se inicia en la creación y llega hasta la Plenitud de los
Tiempos, en la que Dios, haciéndose hombre, en la persona
del Señor Jesús, irrumpe en nuestra vida, como hijo de María
y permanece desde entonces, “hasta el fin de los tiempos” [1] por medio de su Iglesia, en cada Celebración
Eucarística y en cada sagrario que cuente con la presencia
de Dios Eucaristía.
En este sentido la Arquitectura
religiosa tiene una repercusión social muy importante para
la vida del hombre, de la que no se puede desentender y
es la de anunciar esta presencia real de Jesucristo en cada
templo que se construya. De aquí que al arquitecto se le
plantea el desafío de expresar fielmente el sentir religioso
de las personas a quienes representa, en su lugar y tiempo
histórico. Según U. Kultermann, «todas las grandes obras
de la arquitectura no son el resultado de la labor de un
individuo, sino de una comunidad. [2] Al hablar de un templo católico nos estamos
refiriendo a ese espacio sacro que está llamado a remitirnos,
en un lenguaje para el hombre de hoy, a la presencia real
de Jesucristo en medio de su Iglesia que peregrina hace
mas de 2000 años. ¡Qué grato es encontrarse con una Iglesia
que como verdadero Icono nos remite a vivir experiencias
intensas de fe, a través de toda su arquitectura, tecnología,
decoración y mobiliario!.
| Los hombres,
al acercarse a un templo católico esperan que éste sea
un ámbito de comunión, que les permita tener un encuentro
personal, espiritual y profundo con JESUCRISTO y con
el resto de personas que profesan su misma fe, para
así experimentarse miembros de una Iglesia que camina
al encuentro de Dios y que se prepara para la construcción
de una sociedad que necesita ser transformada desde
sus cimientos. |
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Los hombres, al acercarse a
un templo católico no buscan unirse al espíritu de otro
hombre que con su ingenio creó formas bellas plasmadas en
un templo, con el único fin de crear un espacio interesante
y agradable, según su propio pensar y sentir. Toda creatividad
del arquitecto, al diseñar una Iglesia, se queda en el vacío
si no la conduce y la une a resaltar el Espíritu de Cristo
que se encuentra en el Espíritu mismo de la Iglesia Católica.
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El
factor importante para lograr este fin, es que el
templo transmita la presencia y la verdad del mismo
CRISTO, es decir, que esté lleno de su Espíritu. Y
por tanto, la Arquitectura, el Arte, la Tecnología
deben estar al servicio de esta realidad, dejando
de transmitir sensaciones que siendo interesantes
y agradables se alejan de trasmitir prioritariamente
la presencia de Dios que se hizo hombre y se quedó
entre nosotros.
De
lo expuesto se podría deducir entonces que la
arquitectura religiosa no es un problema de estilos
sino de Teología. Se entiende por Teología al esfuerzo
que hace el hombre históricamente ubicado por comprender
intelectualmente la verdad revelada por Dios y trasmitida
por la Iglesia Católica, para aplicarla en la vida
diaria y en la de la Iglesia.
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Ahora
bien, para diseñar un templo es indispensable comprender
intelectualmente la verdad revelada de Dios a través de
la Iglesia Católica, para así poder plasmarla en su construcción.
Y al hacer esto estamos haciendo Teología. Por
medio de la teología de la revelación y reflexionando en
la fe, el hombre penetra en el misterio de Dios, encontrando
así respuestas para las interrogantes mas profundas sobre
su vida y existencia.
Afirma
sobre el tema Irasema Gallo: “ El templo es más que
una construcción es una obra que se manifiesta plenamente
con cualidades inherentes a su concepción de utilidad. Su
arquitectura contiene el valor teológico, y moral, que por
encima de estilos y convencionalismos comerciales, urge
a la arquitectura a servir auténticamente al hombre. Los
actos humanos como parte del carácter moral, tienen por
tanto en la arquitectura, un acto humano, cuya responsabilidad
moral es también la construcción del mundo. Es decir, una
responsabilidad moral ante el sentido teológico arquitectónico.
Para constituir al templo como riqueza de la humanidad”. [3]
Sin embargo, estos criterios
no son los que muchas veces priman en la actualidad, en
la que constatamos una realidad contraria. Como lo enuncia
Bachelard: “El estilo de la construcción de los nuevos templos
ha ido evolucionando hacia la adopción de unas pautas en
las que los artistas se han ido alejando cada vez más de
la mentalidad de la institución eclesiástica y también del
pueblo creyente. Se diría que la comunidad creyente no tiene
nada que decir a la hora de construir su iglesia”.
[4]
Más aún, la ruptura entre el
“artista y el cliente” es una realidad de la que somos testigos
no sólo en la arquitectura religiosa. Juan José Martín González
analiza esta realidad: “Un feroz individualismo lanza a
cada artista por una senda propia, muchas veces, sin saber
adónde va. Esta es la tragedia del hombre moderno, bien
expresada en la obra del artista” [5] . Si el artista no se relaciona profundamente
con el cliente, (individuo y comunidad) poniendo su racionalidad,
sensibilidad, arte e intuición a su servicio, para entenderlas
y expresarlas, no podrá ser mediante su expresión un “espejo
de la sociedad”. Al querer volcar, sólo sus experiencias
subjetivas sobre las distintas realidades, (sin querer decir
que este hecho también sea importante), no hace sino reducir
las posibilidades de enunciarlas según lo que verdaderamente
son. Vivimos, pues, actualmente, una renuncia tácita, de
parte del artista, de dejar un testimonio objetivo de ellas
a través de su arte.
| En
esta línea urge dejar los individualismos, al pensar en diseñar un templo católico moderno. Se hace indispensable el conocer
qué es lo que la Iglesia Católica, busca trasmitir con
ellos. Es decir, qué sentido tienen, qué funciones se
realizan en ellos, cómo se realizan estas funciones.
Estas respuestas se encuentran a través de la Liturgia,
que es el culto
oficial de la iglesia, en donde se da el punto culminante
de la vida religiosa, en su encuentro con Dios . |
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La
arquitectura religiosa no puede ser autorreferencial como
el arte abstracto y otros muchos lenguajes artísticos influidos
por el “Movimiento Moderno”; ésta debe realizar figuras
que den forma sensible a los ritos que caracterizan la esencia
de la iglesia. Esto no limita la creatividad del artista,
mas bien, puede dar origen a una variedad casi ilimitada
de formas.
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Por otro lado
será importante conocer cuál ha sido el recorrido de
los templos a través de la historia. Sólo así, conociendo
sus características, su tradición, su lenguaje simbólico
podremos comprenderlos mejor y así plasmar una propuesta
que teniendo en cuenta la esencia del mensaje lo actualice
para el hombre de hoy. Hay que recordar además que la
Iglesia "no ha hecho suyo ningún estilo" [6] siempre ha buscado adecuarse
a las costumbres de cada pueblo y no quedarse en las
formas: "los verdaderos adoradores son aquellos
que lo hacen en espíritu y verdad” [7] . |
Esto es lo que se debe buscar
hoy. Una respuesta auténtica y actual que cumpla con la
finalidad de transmitir con fidelidad el mensaje del Señor
Jesús que se mantiene invariable en su esencia, desde su
venida al mundo.
Todo
arquitecto tiene una importante tarea social. Y una de ellas
es la de colaborar con la Iglesia, diseñando templos adecuados
que ayuden al hombre a que se encuentre con Dios y a que
se reconcilie con Él, pues, es debido a la ruptura del hombre
con Dios, es decir, de su propio pecado, de donde provienen
todos los males del mundo actual. En la Nueva Evangelización
que el Santo Padre Juan Pablo II propone para poder transformar
los corazones de los hombres y luego transformar la sociedad
de hoy, invita a todos los hombres, cada uno desde el área
que desempeña, a colaborar en esta misión que teniendo en
cuenta la verdad de Jesucristo, actualice su mensaje para
hacerlo llegar al hombre de hoy.
Será
muy importante para el diseño de templos católicos modernos,
el profundizar en el sentido e importancia de la Liturgia
dentro de su hecho arquitectónico, ya que esto constituye
el eje fundamental para su desarrollo. Solo siendo fiel a
ella, aquel que busque diseñar un templo que responda a las
necesidades básicas del hombre de hoy, podrá lograr su objetivo.
[2] Cfr. U. Kultermann: La arquitectura contemporánea.
Barcelona, Labor, 1969: pág. 251..
[3] Gallo Ramírez, Irasema, El Templo creado en el
Mito. Arquitectura y Humanidades
[4] Bachelard, Gaston: "La poética
del espacio" / Breviarios, Fondo de Cultura Económica,
3ra edición 1997.
[5] Juan José Martín González, en un
curso de la Universidad Menéndez Pelayo de Santander (1968),
Gazeta de Antropología, No 3, 1984
[6] Const. Litúrgica . 122, Concilio
Vaticano II
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